Ya lo dije la vez anterior y lo repito: la manera que tengo de relacionarme con las cosas que me gustan es la obsesión. Pasa el tiempo, pasan muchas cosas en ese tiempo, pero todavía me sigue interesando la representación del amor en las películas.
Vi una película malísima: ¿Dónde están los Morgan? No sabía cuál era el argumento, pero Hugh Grant haciendo comedia romántica siempre garpa, aunque hasta eso está desaprovechado en este caso.
La primera lectura que se puede hacer sobre la película es que se trata de una historia reaccionaria. Una pareja de neoyorquinos egoístas y confundidos en sus valores, preocupados por su carrera y su imagen personal, necesitan pasar una temporada en un pueblo republicano con aire puro, gente simple y desayunos grasosos para darse cuenta de que lo que verdaderamente importa es la familia.
Claro que este no es el mayor problema. La película es mala porque, lejos de construir y mostrar lo que les sucede a los personajes, es completamente enunciativa y dice todo el tiempo lo que, en realidad, debería verse.
Pero vayamos al punto que nos interesa (o nos obsesiona). Hay una pareja, generalmente ambos promedian los treinta, la mujer reclama, puede que el reclamo sea justo aunque excesivo, el hombre se siente presionado y hace lo que hace un hombre en estos casos: se acuesta con otra. ¿El hombre debería haber hablado en lugar de hacer una cagada más grande? ¿La mujer debería haberse dado cuenta de que estaba enloqueciendo a su marido con sus propias dudas y temores? Bueno, eso no sucede ni en las películas, ni en la vida real.
Entonces, se separan. Cuando el tipo se da cuenta de que es un pelotudo y de que no puede vivir sin ella, vuelve y le pide perdón. La mujer, por un lado, quiere perdonarlo, pero, por el otro, se siente muy desilusionada. Hay cosas que nunca van a volver a ser iguales. Yo lo vi en muchas películas. Y en muchos casos de la vida real.
¿Qué pasa después? En el caso de los Morgan son testigos de un asesinato y tienen que irse en un programa de protección de testigos a Wyoming. Ya lo dije, la película es muy mala. En un momento aparece la pregunta: ¿el amor de pareja se trata de bajar las expectativas con respecto al otro? ¿Hay que entender que esa persona no siempre va a hacer lo que nosotros esperamos que haga, ni vamos a poder contar con él/ella para todo y, lo que es peor, hasta nos puede llegar a defraudar?
La película da una respuesta, puesta en boca de Hugh Grant (sí, ya lo dije, todo el tiempo es declarativa). En el clímax, él le dice a ella que espere todo de él, que va a hacer lo posible para cumplirlo, aunque es muy probable que no logre hacerlo. Luego, vuelven a Nueva York y tienen hijos y son felices. Ja, ja, ja.
Todos sabemos que la película es mala.
Algunos podrán pensar que los Morgan, como mucho en un año, cuando se les pase el nuevo idilio y sus hijos los enloquezcan, no sólo van a acostarse con otros. Van a querer matarse por haberse creído las boludeces que se dijeron. Ella lo va a volver más loco, él va a desarrollar un sistema para dejar de escucharla y, en el mejor de los casos, logren divorciarse.
Otros, más optimistas, pueden creer que los Morgan maduraron con lo sucedido porque tuvieron que equivocarse para aprender qué era lo que de verdad querían. Sólo al reconocer nuestros propios errores y aprendiendo que somos seres humanos reales y con limitaciones, pero sin por eso perder la ilusión, podemos sostener una pareja.
Vos, ¿de qué lado estás?
Yo, por ahora, sólo voy a prestar más atención en elegir buenas películas para ver la próxima vez.
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3 comentarios:
A ver si anda...
A ver si anda...
Estraba probando si puedo comentar desde la cuenta de gmail. Yo por ejemplo desde que vi "Nada por perder", protagonizada por el Ova (¿es Oba?) Sabattini no me la puedo sacar de la cabeza de lo mala que es de principio al fin, como que el director y el guionista lograron su tono. Traté de encontrar al tipo para hacerle un reportaje pero no lo pude encontrar y me dijeron que se había ido a filmar al sur. Bueno, no tenía este blog, espero que sigas posteando así puedo comentar durante las madrugadas en que estoy de guardia.
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